
Las personas solemos aplazar el momento de llegada de la felicidad justificando que esta no podrá ser plena a menos que sea satisfecha cierta carencia o necesidad.
Fijamos nuestra mirada en aquellos objetivos no alcanzados, menospreciamos los que la vida nos ha brindado o aquellos que conseguimos tiempo pasado y que en su momento fueron motivo de nuestra desaparición y cundo alcanzamos el objetivo en turno, hemos perdido otras bendiciones... cuando nos damos cuenta lamentablemente en muchas ocaciones la perdida es irreversible. Entonces es cuando desearíamos regresar el tiempo y valorar lo que valía la pena y no logramos apreciar.
Tristemente, no siempre nuestros anhelos nos llevan a la felicidad. Ya se que parece contradictoria esta idea con aquella de los marcianitos pero creo que una lleva a la otra:
debemos ser capaces de valorar aquello que es la felicidad y lo que nosotros pensamos que es la felicidad. Alcanzar nuestros objetivos es muy bueno y ser perseverantes en su búsqueda es mejor. Pero mantener un objetivo y luchar por el no implica descuidar lo que poseemos, mas bien creo que el verdadero valor del sueño alcanzado es precisamente alcanzarlo sin 'soltar' lo que conseguimos o nos fue otorgado y que es de gran valor para nosotros y de muchisimo mas valor para quien desearía poseerlo. Es decir, que ese anhelo se fusione con nuestro entorno, con nuestros seres, nuestra vida y se homogenice en un senido único que es precisamente la felicidad individual y por ende la felicidad que podremos otorgar a quien nos rodea
Mi madre siempre dice a Dios 'Señor, muchas gracias por lo que me das y por lo que no veo que me das'

